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Hay personas que viven en regresión

Por el Dr. Juan José López Martínez (Cartagena, España)

Me encontraba en compañía de mi mujer en la casa de una amiga de mi hija pequeña por motivo de la celebración del cumpleaños de esta amiga. Los padres de la niña se llaman Mari y Pedro y pongo sus verdaderos nombres porque ellos me han autorizado a hacerlo.

Mari es una mujer de treinta y tres años que, a los diecinueve años, fue víctima de un accidente de tráfico en el que un hombre joven, en estado de embriaguez, perdió el control de su vehículo y, saltándose la mediana de la autovía, invadió el carril contrario estrellándose contra el coche de Mari. A raíz del accidente Mari sufrió un traumatismo facial con múltiples heridas que interesaban zona medio frontal derecha, pómulo y mentón derecho, ojo derecho y toda la barbilla. Como consecuencia de las secuelas, hasta el momento actual, ha sido intervenida quirúrgicamente en doce ocasiones quedándole aún algunas cicatrices en la zona descrita.

En ocasión de esta celebración mi mujer y yo éramos los últimos en marcharnos. Estábamos ya incorporados de nuestros asientos y Mari estaba apoyada sobre la baranda de la terraza junto a la piscina cuando. En ese momento ella empezó a relatarnos lo sucedido en el accidente y pude ver cómo su mirada cambiaba y su tono de voz se elevaba cuando, refiriéndose al causante del accidente, dijo: "si apareciera por la puerta de mi casa, lo mataría".

En esos momentos me di cuenta de que ella estaba en regresión porque estaba reviviendo un sentimiento de una experiencia pasada y, aun a pesar de que ya era una hora avanzada de la noche, pensé que no sería ético por mi parte el dejarla así por lo que directamente le pregunté:

Terapeuta (T): cuando afirmas que matarías a ese chico si apareciera por la puerta de tu casa, ¿qué sientes?.

Mari (M): siento mucha rabia.

T: ¿y en que parte de tu cuerpo localizas esa rabia?.

M: aquí en el pecho, en el corazón. (colocándose la mano sobre el pecho).

T: dame el cigarrillo y siéntate en esta silla, y dime ¿cómo es esa rabia qué sientes en el corazón?.

M: es como si tuviera algo clavado, es como un punzón.

T: muy bien, eso es; ahora cierra los ojos y dime ¿cómo es ese punzón?.

M: es un punzón de hierro, viejo, que termina en un puño de madera, y en el puño de madera hay unas manos que lo empujan hacia mí.

T: muy bien, sigue. ¿A quien pertenecen esas manos?.

M: son mis manos, son mis propias manos, soy yo que me estoy clavando el punzón.

T: voy a contar a tres y vas a retroceder a momentos antes de clavarte el punzón. Dime, ¿qué está pasando?.

M: soy un hombre, soy muy feo y deforme, tengo chepa y mi cuerpo está torcido. Soy muy feo, nadie quiere estar conmigo, todo el mundo me rechaza y me expulsa de su lado; por eso vivo solo, apartado de todos los demás, nadie me quiere ver y a nadie le intereso.

T: ¿a que se debe tu fealdad?.

M: tengo media cara deformada.

T: señálate, con tu mano, la zona de tu cara que está deformada.

(La paciente se señala la misma zona que tiene afectada por el accidente.)

Voy a contar a tres, y vas a retroceder al vientre de tu madre en esta experiencia.

M: no estoy cómodo aquí, porque se que cuando nazca mi madre no me va a querer, me va a rechazar de su lado porque soy un ser deforme.

T: ¿a que se debe esa deformidad con la que vienes a nacer?.

M: a que yo he pedido que así sea, yo he pedido nacer feo y deforme.

T: voy a contar a tres y vas a retroceder a la experiencia donde está el motivo por el cual tú decides nacer en esta experiencia feo y deforme; uno… dos… tres, ¿qué está pasando?.

M: soy muy pequeño y no estoy deforme, soy un niño normal y guapo. Pero mi madre no me quiere porque ella odia a mi padre y me rechaza y me abandona en manos de otras personas. Ellos me cuidan pero tengo que trabajar mucho, nunca tienen bastante con lo que trabajo y me maltratan.

T: ¿qué sientes en estos momentos?.

M: odio, mucho odio; mi madre es la culpable de todo lo que me está pasando porque ella me abandonó. Yo odio a las mujeres.

T: ¿y como expresas ese odio que sientes por las mujeres?.

M: maltratándolas; yo soy un hombre guapo y atractivo para ellas y vivo muy bien porque he conseguido hacer fortuna y soy poderoso. Las invito a mi casa y una vez allí, a solas, les marco la cara.

T: muy bien, eso es, explícame como les marcas la cara.

M: con una daga pequeña que tengo para eso. Cuando más enamoradas están entonces les marco la cara y las repudio de mi lado.

T: eso es, sigue; ¿a cuantas les marcas la cara?.

M: a muchas, disfruto marcándoles la cara, para que la gente las rechace igual que a mí me rechazó mi madre.

T: eso es, sigue marcándoles la cara.

M: pues eso hago, disfruto marcándoles la cara, es un placer y un gozo hacerlo, me llena y me satisface hacerlo.

(La paciente exterioriza con todo detalle la técnica que emplea para hacer

lo que está haciendo y toda su expresión corporal manifiesta la sensación

de gozo que siente en estos momentos.)

T: voy a contar a tres y vas a avanzar a momentos antes de tu muerte en esta experiencia; ¿que está pasando?.

M: estoy solo y me siento odiado por la gente, creo que yo también me odio por todo el mal que he hecho en esta vida. Si, yo también me odio y me repudio. Soy un canalla y no merezco seguir viviendo, nadie me quiere. Creo que esta vida ha sido un error.

T: desde este punto en el que ahora estás, de toda esta experiencia, ¿cuál es para ti el momento más traumático?.

M: el ver las caras marcadas por mí a las mujeres.

T: y en ese momento ¿cuáles son tus reacciones físicas?.

M: mi cuerpo está muy tenso.

T: y en ese momento ¿cuáles son tus reacciones emocionales?.

M: siento odio y rabia hacia mí.

T: y en ese momento ¿cuáles son tus reacciones mentales?.

M: si pudiera volver atrás no haría lo que he hecho.

T: y todo esto ¿cómo influye en tu vida actual como Mari?; ¿qué te hace hacer?.

M: me pongo muy tensa ante cualquier injusticia realizada hacia mí ó hacia otro, y siento una fuerte rabia y odio interior.

T: ¿y que te impide hacer?.

M: afrontar con serenidad las situaciones que se me presentan en la vida.

T: muy bien, ahora voy a contar a tres, y te vas a situar en los momentos antes de la muerte en esta vida.

M: soy un canalla y me desprecio a mí mismo por todo el mal que he causado, no merezco vivir, he decidido poner fin a mi vida.

T: muy bien, eso es, sigue adelante.

M: me clavo un estilete en el corazón.

T: muy bien, permítele a tu cuerpo sentir todas estas sensaciones, y dime en estos momentos ¿cuál es tu último pensamiento?.

M: pienso en todas las mujeres a las que he marcado y me arrepiento de lo que he hecho, en realidad ellas no eran culpables de nada.

T: y en ese mismo momento ¿haces algún juramento?.

M: si vuelvo a nacer quiero hacerlo siendo un ser deforme y feo, para ser despreciado por todos y poder así pagar el daño que he hecho en esta vida.

(En este momento la paciente, por indicación mía, manifestó su deseo de romper el juramento realizado a lo que procedimos siguiendo la técnica indicada para estos casos.)

T: sigue avanzando, termina con esta muerte y ahora fíjate en tu cuerpo y deja en él todas las sensaciones y sentimientos de esta vida porque pertenecen a ese cuerpo y a ti ya no te pertenecen.

M: ya.

T: ahora, fíjate de nuevo en ese cuerpo y rescata de él toda la energía que quedó secuestrada en el momento de la muerte e intégrala en tu alma.

M: ya.

T: voy a contar a tres y vas a avanzar a los momentos antes de la muerte de la siguiente vida en la que viniste como un ser deforme.

M: estoy solo porque todo el mundo me desprecia, vivo solo en una cueva en las afueras del pueblo.

T: fíjate bien, de toda esta experiencia ¿cuál es el momento más traumático?.

M: cuando, por mi deformidad y fealdad, soy despreciado por mi madre y por toda la gente del pueblo.

T: y en esos momentos ¿cuáles son tus reacciones físicas?.

M: siento mucha tensión en mi cuerpo.

T: y en esos momentos ¿cuáles son tus reacciones emocionales?.

M: siento rabia y odio hacia la gente y hacia mí.

T: y en esos momentos ¿cuáles son tus reacciones mentales?.

M: ¿por qué soy tan feo y deforme?.

T: y todo esto ¿cómo influye en tu vida actual como Mari?. ¿ Qué te hace hacer?.

M: cuando me miro al espejo me desprecio a mí misma y siento rabia y odio hacia la persona que me lo hizo.

T: ¿y que te impide hacer?.

M: aproximarme abiertamente, de principio, a nuevas gentes y nuevas amistades.

T: muy bien, ahora voy a contar a tres y te vas a situar en los momentos previos a la muerte en esta vida. ¿Qué está pasando?.

M: estoy solo en mi cueva y no puedo resistir más esta vida, no puedo seguir viviendo con esta deformidad y fealdad y despreciado por todos, yo quiero acercarme a la gente, pero nadie me quiere ni me acoge. Quiero terminar con mi vida.

T: muy bien, eso es, sigue adelante.

M: tengo un punzón de hierro en la mano y me lo voy a clavar en el corazón.

T: eso es, sigue adelante, y permítele a tu cuerpo sentir todas las sensaciones de este momento. Y fíjate ¿cuál es tu último pensamiento?.

M: perdono a mi madre y a todos los que me han despreciado en esta vida.

T: fíjate bien, ¿haces algún juramento?.

M: no, pero tengo la sensación de que dejo algo sin terminar.

T: muy bien, no importa, termina con esta muerte y fíjate bien en tu cuerpo y deja en él

todas las sensaciones y sentimientos de esta vida que, a ti, ya no te pertenecen.

M: ya.

T: ahora, fíjate de nuevo en ese cuerpo, y rescata de él toda la energía que quedó secuestrada en el momento de la muerte, e intégrala en tu alma.

M: ya.

T: voy a contar a tres y vas a visualizar un rayo de luz del color que tu quieras, y vas a experimentar su energía penetrando en tu interior, a la vez que te envuelve completamente. Y a partir de este momento, lentamente, cuando tu quieras, podrás abrir los ojos, recuperando así tu conciencia real de hoy día cinco de abril del año 2001.Cuando Mari abrió los ojos le pregunté:

T: ¿Para qué has necesitado que te deformen la cara una vez más?

M: Para saber lo que se sufre.

T: ¿Qué cosa dejaste sin terminar en esa vida?

M: Que me perdonaran.

T: ¿Hay alguna conexión kármica con este chico que te causó el accidente o simplemente él ha sido un instrumento para que se cumpliera la deformidad?

M: Este chico ha sido un instrumento.

Inmediatamente le formulé la siguiente pregunta: ¿si en estos momentos llamaran a la puerta de tu casa y al abrir la puerta te encontraras con el chico que te causó el accidente, que harías?.

Mari me contestó, de forma inmediata y emocionada: Me abrazaría a él, le pediría perdón y le daría las gracias.

T: ¿Por qué le darías las gracias al chico que te causó el accidente?

M: Porque gracias a él he aprendido a ver la vida de otra forma.

En el momento de hablar con ella, pidiéndole su autorización para publicar su caso, la respuesta a esa pregunta sigue siendo la misma y tanto la rabia como el odio siguen desterrados de su ser.

 

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