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“Busco mi identidad”

Por el Dr. José Luis Cabouli

Durante la realización de uno de los talleres de sanación en México conocí a Miriam (37). Al iniciar estos talleres siempre comienzo por una ronda con los participantes para conocer su historia y saber qué es lo que vienen a buscar. Cuando le pregunté a Miriam cuál era su objetivo al asistir a este taller me dijo textualmente: “Busco mi identidad. Hay una parte de mi vida que no está clara”.

La vida de Miriam no había sido nada fácil. Su papá era español y su mamá mexicana, pero Miriam fue criada por la cuñada de su papá y su hermana. Poco después de que Miriam cumpliera los siete años estas dos mujeres murieron con veinte días de diferencia entre una y la otra. Entonces, la familia de su padre la metió en un internado de monjas. “Yo no sabía qué era lo que pasaba” –decía Miriam.

A los catorce años Miriam se fue de ese internado porque no se sentía cómoda y ella misma se buscó otro internado. Poco después se convirtió al judaísmo. De sus padres, todo lo que Miriam sabía era que habían muerto y que su mamá se llamaba Beatriz.

“Ando como gallinita ciega –me contaba Miriam–. De niña fue muy difícil. Deseaba morirme. Dejo las cosas a medias. Quiero saber qué pasó en mi nacimiento. ¿Por qué escogí esto?”

Me sorprendió la claridad de Miriam para saber lo que tenía que trabajar. Fue derecho al grano y no solamente esto, sino que además, al preguntar “¿porqué escogí esto?”, Miriam se estaba haciendo cargo de su historia. Fue así entonces, con esta premisa, que comenzamos a trabajar y le pedí entonces a Miriam que fuera directamente al vientre de su madre antes de nacer.

Domingo 23 de febrero de 2003

Terapeuta: Muy bien, Miriam. Respira profundamente y, al contar hasta tres, irás directamente al vientre de tu madre antes de nacer. Uno... dos... tres. ¿Qué estás experimentando?

Miriam: Yo ya sé que no voy a estar con ella.

T: ¿Cómo es eso que ya sabes que no vas a estar con ella?

M: Ella no puede estar conmigo, no está casada. Ella no quiere dejarme, pero tiene que hacerlo. Ella es una mujer de provincia y la familia la obliga. No puede salir con un domingo siete. Ella quiere mucho a papá y papá también la quiere, pero él está casado y es mucho mayor que ella. La familia de él es muy elitista. Para ellos los mexicanos no existen. Es como si los españoles fuesen la raza pura. Papá le pide a su cuñada que se haga cargo de mí. Ella no tiene hijos y quiere una niña.

T: ¿Cómo está tu mamá cuando estás dentro de ella?

M: A mamá le duele mucho porque sabe que se tiene que separar de mí. Siente angustia y le duele el estómago.

T: Muy bien. Ahora, al contar hasta tres, retrocederás un poco antes de estar dentro de la panza de tu mamá. Al contar hasta tres, retrocederás al hecho que te llevó a tener que pasar por esta experiencia. Uno... dos... tres. ¿Cómo empieza todo?

M: No me ha ido bien en otras vidas. He aprendido con mucha dificultad y a golpes. Estoy cansada, pero necesito bajar para elevar mi conciencia. Tengo que bajar en la panza de alguien y entonces elijo a mi mamá.

T: ¿Y para qué necesitas bajar con esa mamá?

M: Mi vida tiene que ser dura.

T: Y esto de que tu vida tiene que ser dura, ¿para qué te va a servir?

M: Tengo que superarlo. Si logro abrir mi conciencia voy a ser mucho mejor que en otras vidas y una manera difícil de hacerlo es bajar con ella.

T: ¿Y qué esperas aprender con esta experiencia?

M: Aprender a valorar las cosas positivas. Tengo que aprender a reconocer lo que tengo y no vivir en lo que no tengo. Tengo que luchar por lo que quiero.

T: ¿Y cómo es que eliges a esta mamá?

M: Me ayudan a elegir. Es como que hay una preparación anterior. Yo decido dónde bajar, pero hay seres que me aconsejan. Ellos me dicen que vuelva a bajar y que no va a ser fácil, pero dicen que lo voy a lograr y que yo voy a crecer mucho. Ellos me van a ayudar.

T: Muy bien, ahora pregúntale a tu alma, ¿cuál es el hecho original que te lleva a tener que pasar por esta experiencia en tu vida como Miriam?

M: Yo abandoné a mi familia... Creo que fue en México también. (Ahora sí; aquí está el verdadero origen de la experiencia de Miriam en su vida actual.)

T: Muy bien. Cuento hasta tres y vete al momento en que comienza tu descenso. Uno... dos... tres.

M: ¡Es que no quiero! Sé que me van a separar de mi mamá. Pero tengo que ser fuerte, tengo que poder, tengo que salir y sí voy a ser feliz. Sí voy a tener una familia. No importa todo lo que tenga que atravesar, tengo que poder... Ya estoy allí.

T: ¿Cómo entras en la panza de tu mamá?

M: Entro como por cachos, por pedazos. Primero entra una parte; luego, como sigue el embarazo, entra otra parte y cuando voy a nacer, ya estoy toda. Es como una energía ligera, clara y luminosa. En realidad, siendo pura energía, no me preocupa nada.

T: Muy bien, cuento hasta tres y avanza al momento de tu nacimiento. Uno... dos... tres. ¿Qué está pasando?

M: Estoy nerviosa... me duele mucho el estómago. Siento angustia, miedo, tengo que enfrentar muchas cosas.

T: Muy bien, adelante.

M: Tengo que salir, pero estoy muy cabezona. ¡Pobre mi mamá! Le va a doler muchísimo. Pero en el fondo no quiero salir.

T: ¿Qué está pasando que no quieres salir?

M: Quiero quedarme con ella, pero sé que no se puede.

T: ¿Y qué sientes en ese momento?

M: Siento mucha tristeza, me duele mucho el estómago. ¡Ay!

T: ¿Qué está pasando?

M: ¡Yo no quiero que me separen de ese cordón! –llorando–. ¡Yo quiero quedarme con ella! ¡No quiero que corten el cordón! ¡Cuando lo corten ya no voy a estar con ella! ¡Ay, no! ¡Me duele muchísimo! Pero tengo que salir. Ya no sé si le va a doler más a ella o a mí. ¡Ya salí! ¡Ya salí! ¡Ya salí! ¡Ni modo! ¡Ni modo!

T: ¿Y qué está pasando con tu mamá?

M: Ella está gritando, ella también está sufriendo. Ella no quiere darme pero sabe que lo tiene que hacer igual que yo sé que me tengo que ir. Lloro mucho, mucho.

T: ¿Qué te dice tu mamá?

M: Casi no me puede ver, pero me dice que me quiere y que voy a estar bien.

T: ¿Y qué estás sintiendo en ese momento?

M: Resignación. Yo sabía que esto iba a pasar. Ni modo, no me podía quedar ahí. Tenía que venir y tenía que salir.

T: ¿Y qué pasa con tu papá?

M: Papá no está; él está pendiente pero de lejos. Le preocupa mucho su vida y no puede con todo eso. El confió en su tía. Ella está muy contenta.

T: Muy bien, ¿cómo es el encuentro con la tía de tu papá?

M: Estoy en la cuna. Está muy bonito, me va a querer mucho y me va a cuidar. Ella también se está enfrentando con cosas en su familia, pero es muy independiente. Ella me abraza y me besa. Es muy linda –llorando–. Siento mucho agradecimiento y amor por ella.

T: Muy bien. Y ahora fíjate, ¿cuál es el momento más difícil de esta experiencia?

M: Cuando tengo que salir.

T: ¿Y cuáles son tus reacciones físicas en ese momento?

M: Asfixia, me siento atorada y me dejo llevar.

T: ¿Y cuáles son tus reacciones emocionales en ese momento?

M: Resignación, no quiero salir.

T: Y en ese momento, cuando tienes que salir, ¿cuáles son tus reacciones mentales?

M: Tengo que poder, tengo que ser fuerte.

T: Y todo esto, ¿cómo te está afectando en tu vida como Miriam? Todo esto, ¿qué te hace hacer?

M: Nunca me resigno ni me conformo.

T: Y todo esto, ¿qué te impide hacer?

M: Antes me complicaba mucho. Cuesta mucho trabajo enfrentar el rechazo de la gente.

T: Ahora recuerda, ¿qué es lo que vienes a hacer en esta experiencia como Miriam?

M: Vine a crecer, aunque duela.

T: Muy bien, ahora yo voy a cortar el cordón umbilical para que completes tu nacimiento. Al cortar el cordón te convertirás en un ser libre e independiente y habrás terminado con todas estas sensaciones para siempre. (Hago el simulacro de corte del cordón) ¡Ya está! Ya hemos cortado el cordón umbilical definitivamente. Ya eres un ser libre e independiente. ¿Quisieras despedirte de tu mamá?

M: Gracias por tenerme nueve meses. Gracias por ser mi mamá.

T: ¿Qué te dejó tu mamá?

M: Me dejó amor.

T: Muy bien, ahora para terminar, vas a pedirle a tu mamá y a tu papá la energía que te corresponde, la energía que es legítimamente tuya.

M: Mamita, papito. Quiero que me den mi energía; la necesito para tener mi familia, para cuidar a mis hijos y a mi marido. Gracias.

Al terminar la regresión, la expresión de Miriam había cambiado totalmente. Su alma estaba en paz. Había encontrado su identidad y su razón de ser y, sobre todo, había comprendido el motivo y el sentido de esta experiencia. Siempre hay una buena razón para las experiencias que tenemos que vivir aunque en principio no sea una buena razón para nosotros. Nada es porque sí; para todo hay un sentido si sabemos buscarlo, comprenderlo y aceptarlo.

Por mi parte, agradezco a Miriam por esta lección de vida y por su autorización para reproducir aquí su experiencia.

 

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